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Alimentación

¿Cambiar el azúcar por edulcorante alcanza?

Pocas veces alcanza. Cambiar azúcar por edulcorante no cambia la relación con lo dulce. En la práctica solemos ver que ayuda más acostumbrar el paladar, poco a poco, a sabores menos dulces. No hace falta hacerlo de golpe ni con culpa.

Por Pamela Altamiranda, coach fisiológica · Revisado el

Una taza blanca de té con una rodaja de cítrico y ramas de canela sobre madera.

Pasaste el café a edulcorante, elegiste la bebida sin azúcar y aun así, a media tarde, aparecen las ganas de algo dulce. No es falta de voluntad. El dulce industrial está en bebidas, panificados, salsas y hasta en lo que parece salado. Muchas veces cambió el ingrediente, pero el paladar sigue pidiendo lo mismo.

Lo dulce también es una costumbre

Lo que vemos a menudo es que el gusto se acostumbra. Si comes cosas muy dulces seguido, lo poco dulce parece no tener sabor. Y quienes bajan el dulzor poco a poco suelen contar que empiezan a notar sabores que antes pasaban de largo.

Un edulcorante mantiene el mismo nivel de dulzor con otra sustancia. Por eso, con el reemplazo, las ganas de dulce no suelen cambiar demasiado.

Un dulce que avisa y no llega

Desde la mirada fisiológica que trabajamos, el sabor dulce es un aviso: el cuerpo lo lee como alimento que llega y se prepara para recibirlo. Cuando ese alimento no llega, es común que las ganas de comer queden encendidas.

La industria de ultraprocesados vende el edulcorante como salida fácil: el mismo dulzor, otra etiqueta. Para tu paladar, el mensaje es igual. Si tienes diabetes, cómo manejar el azúcar y los edulcorantes lo decides con tu profesional de salud.

Más que un reemplazo, un reaprendizaje

Lo que sí vemos en la práctica es que el reemplazo suele dejar intacta la costumbre. Se sigue buscando lo dulce en los mismos momentos: después de comer, a media tarde o frente al cansancio.

En muchas cocinas tradicionales, lo dulce tenía su momento: la fruta de estación, el dulce casero de un cumpleaños. Por eso nos interesa más mirar esos momentos. Detrás del antojo puede haber hambre, cansancio o necesidad de una pausa. Cada una pide una respuesta distinta, y ninguna cambia con otro sobre en la taza.

Cómo bajar el dulzor sin pelearte

  • Reduce un poco cada vez el azúcar o el edulcorante del café o del té.
  • Cuando aparece el antojo, prueba una fruta entera y de estación, y observa cómo te sientes.
  • Usa especias con aroma dulce, como canela, vainilla o cardamomo.
  • Si el dulce aparece siempre a la misma hora, revisa si comiste lo suficiente antes.
  • Deja lugar al disfrute: un postre elegido no es un error.

No hace falta eliminar nada. La idea es que lo dulce vuelva a ser una elección y no una urgencia.

Sin culpa en el camino

Habrá días en que el antojo gane, y eso también es parte de aprender. Nuestra experiencia es que la culpa empuja a comer más, no menos. Mirar lo que pasó con curiosidad te da mejor información que reprochártelo.

Puedes anotar qué pasaba antes, cuánto habías dormido y hace cuánto habías comido. Con el tiempo, esas notas suelen mostrar un patrón que vale la pena conocer.

Para seguir

Si las ganas de dulce aparecen con culpa o sin hambre, quizás te sirva leer sobre la ansiedad con la comida. Otra duda frecuente es la proteína, y la respondemos en proteína sin miedo. En el método, el paladar se acompaña sin apuro, un cambio por vez. Lo demás está en las notas de alimentación.

¿En qué momento del día aparece con más fuerza tu antojo de dulce?

Preguntas frecuentes

¿Los edulcorantes hacen mal?

No clasificamos alimentos en buenos y malos. Lo que observamos es que cambiar azúcar por edulcorante no cambia el gusto por lo dulce. Si tienes diabetes u otra condición de salud, qué usar lo decides con tu profesional.

¿Tengo que dejar el azúcar por completo?

No. Aquí no proponemos eliminar alimentos. Proponemos bajar el dulzor poco a poco y observar cuándo y por qué aparecen las ganas de algo dulce.

¿Con la miel o el azúcar integral pasa lo mismo?

Para el paladar, sí: siguen siendo sabores dulces. Cambiar el origen no cambia la costumbre. Por eso ponemos la atención en cuánto dulzor buscas y en qué momentos, más que en el ingrediente.

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