Alimentación
¿De dónde saco la proteína que necesito?
De muchos alimentos, no de uno solo. En la práctica solemos ver que mirar la variedad del día trae más calma que contar gramos. Cuánta necesitas depende de tu edad, tu salud y tu vida, y eso se define con tu profesional.
Por Pamela Altamiranda, coach fisiológica · Revisado el

Empiezas a comer más legumbres y menos carne, y en la mesa familiar alguien pregunta: «¿y la proteína?». A veces la pregunta viene de afuera y a veces viene con miedo: a que falte, a quedarse sin fuerza, a hacerlo mal. Y en el supermercado, la proteína se vende en polvos, barras y envases con letras grandes. Queremos darle una respuesta tranquila, para que mires tu plato con más confianza.
Piezas para construir
Las proteínas están formadas por piezas más pequeñas, llamadas aminoácidos. Desde la mirada fisiológica que trabajamos, el cuerpo arma sus propias proteínas con esas piezas, y la comida le acerca los materiales.
Nos gusta la imagen de una casa en obra. No importa tanto de qué camión llegan los ladrillos, sino que lleguen los que hacen falta. Por eso, más que un alimento estrella, importa la variedad.
Muchas fuentes, no una sola
Hay proteína en carnes, pescados, huevos y lácteos. Si comes pocos alimentos de origen animal, también la aportan las legumbres, las semillas, los frutos secos y los cereales. En la escuela que seguimos se entiende que, combinados a lo largo del día, se complementan.
Las cocinas tradicionales lo resolvieron hace mucho, con platos como las legumbres con arroz o con maíz. Las semillas y las legumbres remojadas suelen quedar olvidadas, y dan mucho juego en la cocina. Un guiso, una ensalada tibia o un pan con semillas ya suman variedad sin esfuerzo. Si no comes nada de origen animal, conviene revisar con tu profesional algunos nutrientes, como la vitamina B12.
Cuando un nutriente se vuelve obsesión
Poner toda la atención en un solo nutriente, en nuestra experiencia, desordena el resto. Se cuentan gramos, se compran suplementos sin consultar, se come sin hambre para llegar a una cifra. Y se pierde de vista cómo se siente el cuerpo.
No decimos que la proteína no importe. Decimos que no llega sola: viene en platos completos, con otros nutrientes y con el placer de comer algo rico. Mirar el plato entero suele traer más calma que mirar un solo número.
Cuánta necesitas
Depende de tu edad, de cuánto te mueves, de tu salud y de otras cosas de tu vida. Por eso aquí no damos una cantidad. Si tienes una condición renal, cursas un embarazo o una lactancia, o entrenas con intensidad, defínelo con tu profesional de salud. Lo mismo vale si simplemente tienes dudas.
Qué puedes probar
- Mira tus comidas de un día y anota qué fuentes de proteína aparecen.
- Suma una legumbre que no sueles comer, en una preparación que ya conoces.
- Agrega semillas o frutos secos a un desayuno o a una ensalada.
- Observa cómo te sientes de energía y de saciedad después de cada comida.
Con esa información, la pregunta cambia. Ya no es cuánta proteína falta, sino qué variedad hay hoy en tu mesa y qué te gustaría sumar.
Para seguir
Si notas poca energía a lo largo del día, puede servirte leer sobre la energía baja. Otra duda frecuente es qué pasa con lo dulce, y la respondemos en edulcorantes y paladar. En el método, este criterio propio se construye con tiempo y acompañamiento. El resto está en las notas de alimentación.
¿Qué fuentes de proteína aparecen hoy en tu mesa sin que lo pienses?
Preguntas frecuentes
¿Puedo comer sin carne y cubrir la proteína?
Sí, es posible con una mesa variada y bien pensada. Conviene hacerlo con acompañamiento profesional, para revisar también nutrientes como la vitamina B12.
¿Tengo que tomar suplementos de proteína?
No damos indicaciones de suplementos. En lo que vemos en la práctica, la pregunta suele responderse mirando la comida de todos los días. Si tienes un motivo puntual, consúltalo con tu profesional.
¿Cómo sé si estoy comiendo suficiente proteína?
Desde aquí no podemos saberlo, y no hace falta adivinarlo. Si tienes dudas, un profesional de salud puede evaluarlo en tu caso. Mientras tanto, mirar qué variedad hay en tu mesa ya es un buen punto de partida.