Hábitos
Moverte un poco, muchas veces al día
Pasar muchas horas en una silla también es un hábito, y se puede interrumpir. En la práctica solemos ver que moverse un poco muchas veces al día es más fácil de sostener que una gran rutina. Ponerte de pie, caminar y cambiar de postura ya cuentan.
Por Pamela Altamiranda, coach fisiológica · Revisado el

Desayunas en la mesa, viajas en transporte o en auto, trabajas frente a una pantalla y cenas en el sillón. Al final del día, casi no te pusiste de pie. No es pereza: es la forma en que está armada buena parte de la vida de hoy.
Un cuerpo que pide movimiento
Durante mucho tiempo, la vida cotidiana obligaba a caminar, agacharse, cargar, amasar y trabajar la tierra. La silla, el escritorio y la pantalla llegaron hace muy poco a un cuerpo que se hizo caminando. Cuando vuelve a moverse con más frecuencia, muchas personas notan que la rigidez y el cansancio cambian.
Estar en una silla no es lo mismo que no hacer ejercicio
Puedes caminar una hora por la mañana y pasar el resto del día en una silla. Desde la mirada fisiológica que trabajamos, son dos cosas distintas. La caminata de la mañana no borra las horas de silla: el cuerpo también pide moverse entre un correo y el siguiente.
Por eso importa también lo que pasa entre una actividad y otra. Y es de las cosas más simples que puedes cambiar.
Muchas pausas pequeñas
No hace falta una rutina nueva. Alcanza con interrumpir cada tanto el tiempo en la silla, con unos pasos o poniéndote de pie. Esas pausas, repetidas a lo largo del día, suelen sostenerse mejor que un gran esfuerzo aislado.
Piensa en una casa donde siempre se usa el mismo cuarto. Con el tiempo, los demás se llenan de polvo. Moverte a lo largo del día es como volver a abrir todas las habitaciones.
Variar la postura
También ayuda no quedarse siempre en la misma posición. Trabajar un rato de pie, ponerte en cuclillas para buscar algo o estirarte al levantarte son formas de despertar el cuerpo. Elige las que te resulten cómodas y seguras.
Moverte y digerir
Con frecuencia vemos que el movimiento cotidiano también acompaña la digestión y el tránsito. Una caminata tranquila después de comer es una costumbre presente en muchas culturas. Si te gusta, pruébala y observa cómo te sientes.
Qué puedes probar esta semana
- Pon un aviso suave para ponerte de pie cada tanto mientras trabajas.
- Atiende algunas llamadas caminando.
- Usa la escalera cuando puedas.
- Busca una actividad que te guste, porque lo que se disfruta se sostiene.
- Anota en qué momentos del día pasas más tiempo sin moverte.
No hace falta sumar todo junto. Elige una sola idea, pruébala unos días y después decide si sigue o si cambias por otra.
Para seguir
En el método, el movimiento diario forma parte de Depurar fluidos, junto al agua, las plantas y la respiración. El descanso es la otra mitad, y lo contamos en la luz del día también ordena tu sueño. Hay más ideas en las notas de hábitos.
Si tienes dolor al moverte, una lesión o una condición del corazón, arma tu forma de moverte con tu profesional de salud.
¿En qué momento del día pasas más tiempo sin moverte?
Preguntas frecuentes
¿Cuánto ejercicio tengo que hacer?
Depende de tu edad, tu salud y tu punto de partida, y lo que te conviene se define con tu profesional. Aquí nos enfocamos en algo previo: moverte más a lo largo del día, como lo pedía la vida cotidiana de antes.
¿Sirve de algo ponerme de pie unos minutos?
Suma, sobre todo como hábito, porque no requiere nada especial. Para esta escuela, cualquier movimiento cuenta, también el más liviano.
¿Y si mi trabajo no me deja levantarme?
Puedes buscar pausas pequeñas: estirarte en la silla, mover los pies, cambiar de postura. También puedes aprovechar los traslados y los momentos fuera del trabajo. Cada cambio pequeño cuenta.